4 de marzo de 2026
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Danielita Marín: la hija del café que decidió quedarse

Danielita Marín
Danielita Marín

El café no fue una elección inmediata. Fue paisaje, fue rutina, fue infancia. Para Danielita Marín, crecer entre cafetales no significaba necesariamente quedarse en ellos. “Toda mi niñez se da en finca”, dice. 

Vacaciones, fines de semana, cosechas. Villa Rica y la finca eran un mismo mapa. Pero como a muchos hijos de productores, le dijeron que estudiara otra cosa, que buscara un camino distinto. Durante años, el café fue herencia, no destino.

Tiene 35 años y es la tercera de cuatro hermanos. La única mujer. Hasta los 16, el café no era un proyecto profesional sino el oficio de sus padres. “No había visionado de otra manera el café como hoy en día”, confiesa. El giro llegó a los 18, cuando la cooperativa a la que pertenecía su padre la invitó a un curso de catación de cafés especiales. Entonces entendió que el café no era solo cultivo: era calidad, mercado, identidad, mundo.

En 2017, sus hermanos le propusieron entrar de lleno al barismo. “Me empezaron a meter el bichito de ir a las competencias”, recuerda. En ese mismo año nació la cafetería Origen Marín Café, que está frente a la Plaza de Villa Rica, 

Y ya no hubo marcha atrás. Comenzó a capacitarse. Hoy es catadora Q Grader y barista SCA.

Está enfocada en el procesamiento de cafés especiales. Su aporte va más allá de la taza.

Danielita investiga el café, está aprendiendo todo el tiempo e impulsa talleres para niños en  Villa Rica. 

Niños desde los 5 hasta los 12 años. Algunos de los primeros alumnos ya tienen 18 o 20 y están en la universidad. Otros trabajan en las cafeterías de sus familias.

Esta experiencia la motiva profundamente.

 “El objetivo es que puedan amar el café. Que se sientan identificados con el café peruano. Que se sientan orgullosos de lo que viven, de su tierra”, comenta.

No quiere que los hijos de caficultores crezcan sintiéndose ajenos a lo que sus familias producen. Ella sabe lo que significa mirar el café sin entender su dimensión.

Cuando se le pregunta por la discriminación que sufren las mujeres en el mundo del café, responde con calma. En su familia no lo vivió. Sus padres —Narda y Sadler— le dieron espacio para crecer en el rubro. Pero afuera, reconoce, las brechas existen.

 “A veces sentimos que como mujeres tenemos que saber mucho más para tener valor. Y si sabemos demasiado, tampoco nos dejan comunicar lo que sabemos”. Nada de victimizarse. En sus palabras hay lucidez. También admite que las tensiones no son solo entre hombres y mujeres: “A veces también se dan de mujer a mujer”.

Su sueño es claro: expandir la finca Ave Fénix al mercado internacional. Ya exportan Arábica y Canephora (Robusta).a países como Alemania.  

Diez cuadras de finca que hoy buscan un realce más empresarial. Terminó su carrera técnica administrativa con ese objetivo y tres años después puede decir que lo logró: están exportando café propio. 

Sus padres ya delegan en ella el café de especialidad. Ella, la única hija mujer, trabaja directamente con ellos mientras el modelo familiar evoluciona. “No solamente ser recolectores, sino microempresarios”, resume. La cafetería continúa, en proceso de mejoras. Este año habrá cambios.

Danielita no rompió con la tradición. La reescribió. No huyó del café como muchos hijos de caficultores de su generación. Lo profesionalizó. Lo enseñó a niños. Lo exportó. Lo convirtió en proyecto.

El café que fue infancia hoy es liderazgo. Y esta vez, se queda.

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