En Ocobamba, Cusco, el café crece mirando al sol. A 1,900 metros sobre el nivel del mar, entre montañas y caminos de tierra, está la finca Intikawarina, un nombre en quechua que significa precisamente eso: mirada al sol.
Hace apenas un mes fue bautizada oficialmente, pero la historia que la sostiene empezó mucho antes.
Allí nació el vínculo de Yamelith Navarrete con el café. Tiene 19 años y es la tercera generación de productores del sector Carmen Alto.
Desde niña, el aroma del café formó parte de su vida cotidiana: la cosecha, el secado, los granos extendidos al sol. Lo que quizá nadie imaginaba entonces era que esa niña terminaría en una barra con propósito y luego defendiendo el café de su tierra frente a un jurado.
Hoy Yamelith es catadora y barista en Florencia y Fortunata, una cafetería del Cusco que apuesta por el origen, la educación cafetera y la reivindicación real de las mujeres en la cadena. En ese espacio aprendió a traducir el trabajo del campo en una taza equilibrada, limpia y expresiva. A entender que cada café cuenta una historia.
“Siempre tuve en mente profesionalizarme más en lo que era café”, dice.
En el Cusco Coffee Competitions, realizado el 26 y 27 de marzo, Yamelith se llevó el primer lugar en el Campeonato de Filtrados. No fue solo una victoria técnica. Fue también el reconocimiento a un recorrido que une finca, conocimiento sensorial y oficio detrás de la barra.
Para sus padres, verla avanzar en el mundo del café confirma algo que ella misma dijo durante su presentación en la competencia: “Sí se puede vivir del café”.
En Intikawarina cultiva variedades como Geisha, Sidra, Catimor, Bourbón, Típica y Arara, y ha comenzado a experimentar con procesos y fermentaciones para desarrollar microlotes con identidad propia. Su sueño es claro: diseñar cafés diferenciados y llevarlos al mercado internacional.

El campeonato confirmó algo que ella ya intuía: el café no termina en la finca ni en la tostadora. La historia se completa en la taza.
Ahora, la barista cusqueña tiene un nuevo reto. Tras su triunfo, representará a su equipo y a su origen en el Torneo de Filtrados de Café para Todos, que se realizará este 7 y 8 de marzo en Magdalena.
Será otra mesa de competencia, otro jurado.
Pero detrás de cada vertido de agua seguirá estando la misma historia: la de una joven que aprendió el valor del café desde la tierra y que hoy demuestra que el futuro del café peruano también tiene rostro de mujer.
ORGULLO EN LA BARRA
Llegar a Florencia y Fortunata marcó un punto de inflexión en su camino. Para Yamelith no fue solo un trabajo en una cafetería, sino un espacio de aprendizaje, acompañamiento y comunidad.
“Fue un reto en sí, pero más fue como un apoyo que estoy recibiendo por parte de las chicas, de la comunidad de mujeres”, cuenta. En ese equipo encontró algo que va más allá del café: un grupo que se sostiene mutuamente y que celebra cada logro como propio.
“Me siento súper orgullosa de estar en Florencia Fortunata, de poder compartir con mujeres y representar a un grupo de mujeres”.
Cuando habla del lugar, no menciona primero el café ni las técnicas de preparación. Habla de la unión, algo clave en el camino hacia el campeonato.
Detrás de la rutina que presentó en el escenario hubo horas de práctica, ajustes y acompañamiento.
“Todas se unieron, me pusieron todo su apoyo, su confianza. Fue emocionante. Fueron noches de rutina, full rutinas”, recuerda.
Detrás de su victoria no solo está el talento individual, sino también la fuerza de una comunidad que cree en el café y en las mujeres que lo hacen posible.
Para Yamelith, uno de los desafíos más visibles es la falta de reconocimiento para las mujeres dentro del mundo del café, especialmente en su región.
“No hay tanta visibilidad de mujeres, no son reconocidas a nivel Cusco, pero afortunadamente queremos cambiar eso y lo vamos haciendo”, explica.
La victoria de Yamelith tiene un significado mayor. No solo celebra a una barista que ganó una competencia. También pone en escena a una caficultora joven que, desde su finca en Ocobamba y desde una barra en Cusco, demuestra que el café peruano también se escribe con voz de mujer.
En Intikawarina, la finca que mira al sol, el camino recién empieza.