La Ruta del Café Peruano Blog Noticias Quién decide cuánto vale tu cosecha (spoiler: no eres tú, y si eres mujer, menos todavía)
Noticias

Quién decide cuánto vale tu cosecha (spoiler: no eres tú, y si eres mujer, menos todavía)

CAFE

Vera Espíndola, economista agrícola mexicana, desmontó en Villa Rica una de las grandes ilusiones del sector: no estamos frente a una cadena sin valor, sino frente a una cadena donde el valor se distribuye de manera profundamente desigual. Y las más invisibles dentro de esa cadena son, siempre, las mujeres.

«La mujer es la que más no se ve y la que no se mide. Y lo que no se mide, no se sabe. Y lo que no se sabe, no se da valor», subrayó al inicio de su charla «¿Quién define el valor del café?» durante el Girlsplaining que se realizó este sábado 23 de mayo.

Vera Espíndola no abrió s ponencia hablando de precios. Inició hablando de invisibilidad. De las mujeres que sostienen la producción de café en el mundo y que, aun así, casi no aparecen en las estadísticas, en los títulos de propiedad, ni en las decisiones sobre el precio de lo que producen.

El costo oculto del café: la mujer

De los 25 millones de productores de café en el mundo, 5 millones son mujeres. Ese número ya es revelador. Lo que viene después, más aún.

  • El 90% participa en el trabajo de campo.
  • El 80% interviene en las actividades de cosecha.
  • El 70% de la participación laboral para mantener la parcela de café es realizada por mujeres.

Y aun así, solo entre el 20% y el 30% de las fincas cafetaleras son manejadas por mujeres.

Esa invisibilidad, dijo Espíndola, no es accidental. Es estructural. Y para entenderla hay que entender cómo funciona el sistema completo.

No una cadena sin valor. Una cadena con valor mal distribuido

La economista lleva años trabajando junto a productores en América Latina. En Villa Rica llegó a nombrar lo que el sector prefiere no decir en voz alta:

«Nosotros no estamos hablando de una cadena de valor. Estamos hablando de un sistema de decisiones que ciertas personas pueden tomar.»

Quién puede asumir riesgos. Quién tiene acceso a información. Quién puede esperar y quién necesita vender rápido. Quién define el precio. Quién absorbe las pérdidas. Ese sistema determina quién gana y quién no cuando el café sube, cuando baja, cuando la cosecha llega tarde o cuando el comprador no habla tu idioma.

Vera remarcó que los productores y las productoras trabajan un año entero invirtiendo tiempo, plata, tierra, conocimiento. Y cuando llega el momento de cobrar, recién entonces saben cuánto vale lo que hicieron.

«Es en ese momento que van a saber a cuánto les van a pagar. No antes.»

La Bolsa: una referencia, no una ley

Espíndola fue directa al referirse a la C market (*) como mecanismo rector de precios: «Es una referencia. No es un sistema que tenemos que apegarnos y seguirlo desde la ley de la letra.»

Y los datos le dan la razón. Desde 2016, casi el 60% de las empresas que participan en esa bolsa ya no manejan café. «Ni quieren café, ni ven café, ni tocan café», dijo. Especulan con contratos de futuros. Generan dinero sin tocar una sola planta. Son los productores quienes viven del café. Y sin embargo, son los que menos poder tienen sobre su precio.

La volatilidad tampoco los protege cuando el precio sube.

«Cuando el precio sube, no necesariamente a ustedes les va mejor«,

Y agregó algo que todos reconocieron: muchos productores cobran una sola vez al año. Con eso tienen que resolver doce meses.

El espejismo de la especialidad

«El café de especialidad ha camuflajeado el tema que no estamos tocando«, afirmó.

Durante años, el sector prometió que apostar por la calidad era el camino. Y el argumento sonaba bien. Pero Espíndola lo desmontó con una pregunta:

«¿En qué hemos estado trabajando? Hemos estado trabajando en darles toda esa visibilidad que estaban buscando. De hablar de las notas del café, de las tierras de ustedes, la trazabilidad de ustedes, las historias de ustedes, el mamá, el papá, el todo. Pero lo que se ha hecho y lo que ha pasado es que el café de especialidad ha camuflajeado el tema que no estamos tocando. Y el tema es que no estamos incluyendo todo el trabajo que ustedes hacen en el campo. No entendemos los costos de la mano de obra, de la resiembra, de la alimentación, de la cosecha«.

Saber cuánto cuesta lo que uno hace

La propuesta de Espíndola no es ideológica. Es aritmética.

«Los números solo te hacen crear espacio para tomar mejores decisiones.»

Saber cuánto cuesta producir un kilo de pergamino. Incorporar el valor del propio tiempo, del propio conocimiento, del salario digno. Incluir el trabajo de los familiares que ayudan sin figurar en ningún contrato.

«Ustedes mismos tienen que evaluar su trabajo. No hace falta haber terminado la primaria. No necesitan ser contadores, solo papel y calculadora. Su sabiduría está acá«.

Hacia el final de su charla, Espíndola describió el escenario que busca hacer posible: una productora y un comprador que se sientan, entienden lo que cada uno necesita, y llegan a un acuerdo.

El sistema actual se construyó de cierta manera. Pero los sistemas no son inevitables. Se pueden crear otros. Como dice su mamá: si nosotros no lo hacemos, nadie lo hace.

En Villa Rica, ese día, plantó esa semilla.

((*) El Mercado C funciona como la gran bolsa global del café arábica: allí se negocian a diario contratos de futuros que sirven como referencia para definir el precio internacional del grano.

Salir de la versión móvil